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Mucho antes de
la invasión incaica, Bolivia conoció el esplendor de
culturas avanzadas, ya que el país fue habitado por diversos
pueblos de distinta procedencia. Estos pueblos se localizaron
en las terrazas andinas, junto al lago Titicaca, donde surgió
la ciudad de Tiahuánaco, en el primer milenio de la era
cristiana, cuyos restos se encuentran a algunos kilómetros al
Sur del lago -que en aquella época llegaba a la ciudad-
revelando el notable grado de refinamiento alcanzado en la
arquitectura, la cerámica y los trabajos en metal. La cultura
que dio origen a esta ciudad debía de basarse
fundamentalmente en la religión, y poseía ciertos
conocimientos del calendario, como lo revelan los relieves de
la Puerta del Sol.
A la cultura de
Tiahuánaco siguió la de los collas, pueblo menos refinado en
lo artístico, pero mejor organizados políticamente, ya que
extendieron su territorio hasta comprender los actuales
departamentos de La Paz, Cochabamba, Puno, Arequipa y partes
de Oruro. Su organización político-social fue adoptada, con
diversos matices, por los incas y continuó durante la
conquista: los collas vivían agrupados en ayllus,
instituciones que reunían varios núcleos familiares bajo el
mando de un curaca o hilocata. El ayllu ocupaba una parte del
territorio comunitario llamado marca. Al frente de un grupo de
marcas estaba el mallcu, que con el tiempo pasó a convertirse
en un verdadero monarca. La decadencia del Imperio colla fue
causada por las invasiones de los pueblos incas que dominaron
el territorio boliviano y lo unieron a su imperio. En estas
condiciones se encontraba Bolivia cuando llegaron los
conquistadores españoles, que la llamaron Alto Perú.
Los españoles
fundaron algunos núcleos urbanos, entre ellos la capital
Charcas (llamada luego La Plata, Chuquisaca y Sucre) en 1538.
Allí establecieron la Audiencia, en 1559, que al principio
dependía del Virreinato del Perú. Su jurisdicción comprendía,
además de Bolivia, los territorios de Argentina, Uruguay,
Paraguay, Norte de Chile y Sur del Perú. En 1776 fue creado
el Virreinato del Río de la Plata, que comprendía casi por
completo estos mismos territorios, y la Audiencia pasó a
depender de Buenos Aires.
A la estructura
incaica de la convivencia de la propiedad colectiva -los
ayllus- junto a la propiedad privada de la alta nobleza, la
conquista española agregó nuevos aspectos de tipo feudal a
la organización económica, política y social de Bolivia. La
servidumbre del indio pasó a ser absoluta.
Comenzaron en
esta región las rebeliones contra los españoles, en dos líneas
bien definidas. La primera fue en el siglo XVI y correspondió
a las masas indígenas, continuada por otra rebelión en 1780.
La otra línea
revolucionaria se desarrolló entre los criollos formados en
la universidad de Charcas, que desempeñó desde su fundación,
un papel preponderante en lo cultural y político. En 1809, un
año después de las invasiones napoleónicas a España, y
cuando los movimientos de liberación tomaron forma concreta
en toda América Latina, la ciudad de Chuquisaca consiguió
alcanzar su total independencia; desde la capital se lanzó
una proclama para la liberación de todas las colonias españolas
en América, y después de la victoria del general Antonio José
Sucre, lugarteniente de Simón Bolívar, se garantizó la
independencia del Alto Perú, que fue proclamada el 6 de
agosto de 1825. En homenaje a sus libertadores, el Alto Perú
fue llamado República de Bolívar (que poco después adoptó
la actual denominación), y la capital fue llamada Sucre. Bolívar
dictó en 1826 la primera constitución del país, y Sucre fue
designado presidente constitucional hasta 1828.
Los textos son
colaboración de Mariana Giménez Cobiella
Mariana@RedBoliviana.com
RedBoliviana.com, el portal nacional de Bolivia
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